La pequeña Paris de Buenos Aires.
No se trata de una película de ciencia ficción, así se conoce a uno de los rincones más aristocráticos de Buenos Aires. La isla es una de las áreas más ricas y privilegiadas de la ciudad, que abre sus calles con elegantes edificios residenciales rodeados de parques y jardines. Situada dentro del barrio de la Recoleta, debe su especial reconocimiento a la loma sobre la cual ha sido construida. La tranquilidad de las calles por el escaso tráfico, y las hermosas construcciones de aire europeo le otorgan un estilo particular, que los visitantes reconocen con el apodo de “la pequeña Paris”. Hoy alberga también edificios de primer nivel, embajadas y algunos frentes históricos y emblemáticos de la época dorada de alrededor de principios del siglo XX en Argentina.
Unas escaleras a las que se accede por el parque cercano a la embajada Británica son el principal acceso para los turistas y transeúntes, ya que el tránsito está restringido y escasean las cocheras, especialmente en los edificios más antiguos, que se mantienen reservadas para los propietarios.
Por ser una zona tan bien delimitada, ya no existen lotes para construir y las propiedades se cotizan entre los valores más altos de la ciudad. El precio depende mucho de la calle, el edificio y características del inmueble, como por ejemplo si se trata de una construcción de época o una de las más modernas. En cuanto a superficies, hay propiedades que llegan a superar los 600 metros cuadrados. Esto hace que las decisiones de venta o compra tomen más tiempo que en otras áreas del mercado, manteniéndolo siempre vigente. Y es que justamente, los vecinos son muy leales a este barrio y la oferta de venta es muy limitada.
El barrio no solo es exclusivo por sus cotizaciones elevadas, sino porque matiene un estilo que permanece inalterable desde siempre. La gente casi nunca piensa en mudarse, excepto al exterior o algún campo en el interior de la Argentina. Entre los que se han ido, hay muchos que han optado por dejar sus departamentos en alquiler temporario, y es asi como las calles se nutren con extranjeros que prefieren tener su estadia allí, o estudiantes que eligen los parques para leer o pintar.Entre los atractivos de la zona, a minutos nada más del centro de actividad de Recoleta, con sus shoppings y locales de productos de lujo, los visitantes pueden disfrutar una merienda en algunos de los cafés que rodean los jardines, o almorzar en alguno de los aristocráticos restaurantes de la Isla, conocidos por sus exclusivos y tranquilos salones de no más de 6 mesas.






